Las ciudades se suman a la tendencia del producto de kilómetro cero

Las ciudades se suman a la tendencia del producto de kilómetro cero

Aunque es más fuerte en países vecinos, como Italia o Francia, la realidad es que en España el producto de kilómetro cero está cada vez más presente en nuestras vidas y nos ayuda a mejorar nuestra calidad de vida y también nuestra forma de consumir y alimentarnos en un mundo que vive acelerado.

La Comisión Europea destacaba ya en un informe de 2013 que los consumidores europeos reclamamos cada vez más “alimentos de calidad, frescos y locales”. Y es que el producto de kilómetro cero, cargado de ventajas y buenos argumentos, ha rescatado, por fortuna, al comercio cercano y la relación de confianza entre el productor y el consumidor, una relación que nunca debió de haberse roto empujada por la globalización.

Madrid con el producto de kilómetro cero

Sin ir más lejos, los madrileños se han puesto a la cabeza de esta tendencia y han rescatado la vieja y sana costumbre de mimar al pequeño comercio y saber, conocer y confiar de nuevo en aquello que compran y consumen.

Proyectos como La Colmena que dice sí o Farmidable son solo dos de los ejemplos de consumo cercano en los que el consumidor conoce los métodos de elaboración de los alimentos que va a adquirir, así como también el origen de los mismos. Hablamos, por tanto, de un producto de confianza y calidad 100%.

Además, yendo más allá, podemos hacer de nuestra conciencia de alimentación saludable un verdadero hobby el cual llevemos a la práctica con iniciativas solidarias y ecológicas como la que nos proponer La huerta de Montecarmelo. Aquí, el vecino de Madrid olvida los avatares de la gran ciudad con la opción de cultivar su propia huerta contribuyendo a una causa solidaria y a ahorrar dinero en la cesta de compra.

Y es que empezamos a notar que no llenamos nuestra cesta de cualquier manera, a lo loco empujados por las prisas y la falta de tiempo. Volvemos a interesarnos por un producto cercano, de confianza y de calidad, que llegue a nuestras manos directamente del productor. De ahí, el notable éxito de afluencia a las últimas ediciones del Mercado de la Cámara Agraria celebradas en Madrid.

Vecinos llegados de diferentes partes de la región degustan productos de denominación de origen, charlan con los productores y llenan el carro de la compra con alimentos ecológicos y frescos, que no han pasado por otras manos que no sea las del vendedor y el consumidor final. Se restablece el nexo de la proximidad y la confianza.

En este contexto, se celebra también el Mercado de Productores, habitualmente en el entorno de El Matadero de Madrid donde, entre todas las propuestas artesanales, se encuentran las cremositas para degustar junto a una amplia oferta de productos autóctonos.

 

Un consumo cargado de ventajas

La vuelta a la cadena corta de consumo está cargada de ventajas y buenos argumentos para seguir confiando en ella y expandiéndola entre aquellos que aún no la conocen.

Ecológicas: con el apoyo a la producción local, evitamos la huella ecológica o de contaminación que supone el traslado de alimentos de largas distancias hasta nuestros supermercados o centros de compra. El transporte internacional supone un impacto ambiental indudable que, de esta forma, estamos reduciendo o evitando. Asimismo, los productos de kilómetro cero se posicionan claramente a favor de la biodiversidad doméstica, lo cual también es un sello de garantía y confianza para el productor final.

Sociales: el tú a tú en la compra local implica establecer un lazo de confianza entre consumidor y productor, que fideliza. Cuando conocemos de dónde viene un producto, cómo ha sido elaborado y verificamos que es 100% natural volvemos a consumirlo. Estamos creando un nuevo modelo de consumo social, justo, solidario y fiable.

Saludables: no cabe duda alguna que los productos locales, que no necesitan ser sometidos a ningún proceso para mantenerlos en condiciones, gozan de unas propiedades de las que carecen los que habitualmente consumimos. El olor, el color y la frescura del producto local saltan a la vista. Frutas, verduras, hortalizas, lácteos son un claro ejemplo de ello.

Económicas: al final toda la cadena resulta beneficiada, porque el pequeño productor local consigue mantener un mínimo de producción proveyendo a una comunidad de compradores que, seguramente, no dejará de crecer. Por su parte, estos consumidores responsables cuentan con la opción de participar activamente en la cadena con algunos proyectos colaborativos donde forman parte de la producción, por ejemplo, con la participación de huertos urbanos.

Tan importante y tan concienciada está la Unión Europea con este nuevo modelo de consumo que a día de hoy tenemos a nuestra disposición etiquetas y certificados que nos informan del origen del producto. Por ejemplo, si son de kilómetro cero cuentan con su propio etiquetado, que nos garantiza que cumple todas las condiciones y contiene los atributos señalados.

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