¡Qué viva la tapa!

¡Qué viva la tapa!

Un atractivo turístico más

La tapa forma parte de la cultura española y es una de las actividades más demandadas por los turistas. Algunos, incluso, pagan por recorridos turísticos con paradas en los templos de la tapa de las principales ciudades españolas.

Todas son un verdadero placer y qué más da que uno no nos guste si podemos elegir entre un millón. La tapa es una costumbre que lejos de perderse se ha reinventado fusionando la tradición con nuevas tendencias gastronómicas.

La cocina fusión y la de autor han engalanada la tapa y le han dado lustre. Da gusto entrar en un bar, un gastrobar o un restaurante y descubrir en la barra un auténtico paraíso de tapas.

 

Un país de tapeo

Si tuviéramos que elegir una ciudad de tapeo por excelencia no podríamos hacerlo. Sería injusto coronar una y dejar fuera el resto. Y es que, cada una tiene lo suyo y es lo mejor de cada ciudad, que la tapa refleja una forma de ocio y también rasgos del carácter gastronómico de su gente.

Sobran las palabras para hablar de los pintxos vascos, sobre todo, los que pueden degustarse en Bilbao y San Sebastián. Tómate un chato y elige el pintxo con el que vas a deleitar a tu paladar. A veces, es necesario preguntar para descubrir de antemano los ingredientes que luego nos sorprenden aún más.

Madrid también es un buen ejemplo de tapeo. Es una tradición que no falta en casi ningún local de la capital. Algunos están especializados y los clientes pueden indagar y tomar nota de las propuestas gastronómicas de la tapa. En otras ocasiones, la tapa se ofrece como ‘gentileza’ de la casa al consumir una caña, un refresco o un vino.

Son tapas más sencillas, pero igualmente apreciadas. Son las clásicas, las de siempre, pero gracias a ellas nuestra bebida entra y sabe mejor. Probablemente, repitamos en el local o convirtamos ese encuentro rápido en una tarde de tapeo. ¡Así somos!

En la costa gana por goleada el pescadito fresco y los productos típicos de cada región. Aunque en algunas capitales, y no de costa, la tapa exige una parada obligatoria, por ejemplo, el granadino barrio de La Chana. Uno va a de cañas y sale comido, cenado y desayunado. Es probable que en algunos casos no hablemos de propuestas creativas, pero sí bien elaboradas y saludables que entran perfectas con una bebida fresquita.

 

Tendencia en auge

Con el objetivo de conservar la tradición y hacerla evolucionar, los festivales, ferias y concursos de tapas han proliferado en diferentes ciudades junto a la celebración de mercados gastronómicos.

Todos estos escenarios son el trampolín no solo para mantener el arraigo de la tapa sino para incluir fusiones y propuestas jóvenes y arriesgadas que han conquistado los paladares de quienes lo visitan.

Ni que decir tiene que las croquetas siempre son protagonistas y no faltan en la lista de pedido de tapas.  Podemos arriesgar más o menos con nuevas apuestas, pero este clásico nunca falta sobre la mesa.

Con las cremositas podemos ver cómo ha evolucionado esta tapa desde los sabores clásicos, de jamón o de pollo hasta propuestas innovadoras, creativas y a la altura de una gran cocina de autor. Hablamos de croquetas de cecina y parmesano o de pisto manchego, aunque también podemos irnos a sabores orientales como el pato a la naranja con salsa hoisin. Las apuestas son variadas y aceptadas por el público.

Y es que los clásicos nunca mueren y demuestran que el vigor de la tapa no decae. ¡Larga vida al tapeo!

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